Aquí estoy:
Llegamos puntualmente al aeropuerto de Bruselas...
Al bajar del avión nos sorprendió constatar que no había ningún control de documentos para los extranjerosEsa es una de las ventajas de viajar por la Unión Europea: no hay fronteras: ya nos revisaron en Madrid y punto... igualito que ir desde nuestra casa en Santa Elena hasta Caracas: atravesamos 15 puestos de control (alcabalas), sí. leyeron bien ¡quince!...
Para ir a la meca de los cactolocos, Blankenberge, debíamos tomar el tren: la estación está en el propio terminal del aeropuerto, en el sótano, ¡increíble!: salir del avión >> escalera mecánica
>> tren...
pero... (dirán, ya empieza con sus "pero") ¿cómo se compran los pasajes en belga?, glupsss...
No es un secreto para nadie que yo hablo generalmente por los dos (¡está bien: siempre!) y como por lo general viajamos a sitios de habla hispana todo está resuelto, y si es necesario, en otros países hablo una amalgama de spanglish-portugueis y lenguaje de señas para que me comprendan, pero: belga ¡¡¡ayyyy!!!
Por suerte, tengo una media naranja tímida pero políglota , que durante todo el viaje tomó las riendas, traducía, hablaba por mi, pagaba, etc... Y es que cuando me hablaban me quedaba en trance, sin saber cómo responder
, algo horrible... mientras que la niña solo decía “¿vous parlez français? ” y entrándoles de esa forma y con su encanto
conseguía que le respondieran ¡ufff que alivio! y es que aunque todos hablan más o menos el francés, los belgas del norte están peleados con los belgas francófonos y no quieren hablar en francés y hasta los letreros en general están escritos solo en belga.
En la taquilla el empleado le dijo que debíamos apurarnos porque el tren estaba por salir y que en x estación teníamos que hacer un trasbordo con muy poco tiempo para la conexión y que en caso de perder ese tren tendríamos que esperar una hora por el siguiente...
Después de dudar (y preguntar) llegamos al andén justo para la salida y al abordaje...
Los paisajes son muy lindos, es un país muy rural, sembradíos de cebada (pa' las 500 marcas de cerveza que fabrican) y maíz (pa' las vacas y animales de granja) molinos, granjas, vacas, ovejas y muuuuchas iglesias... quedamos encantados con todo lo que veíamos. Escuchamos a unos pasajeros hablando en español y aprovechamos para preguntarles como era lo del trasbordo: “miren en la pantalla en que andén pasa el otro tren y apúrense porque es muy justo el tiempo”, lamentablemente ellos seguían para Holanda y no nos servirían de lazarillos...
Llegamos:
Primer paso: leer la pantalla: tren a Blankenberge andén 5
Segundo paso: A bajar por las escaleras, y correrrrrr...
¡Oooh noooo!... delante de nosotros estaba un señor gordiiiiiisimo, del ancho de la escalera y con una maleta más ancha que la escalera... ¡que mala pata!...Ponía un pie en el escalón , luego el otro y luego la maleta... y nosotros atascados detrás de él, ¡no podía creerlo!...
Cuando por fin pudimos superar el obstáculo y llegamos al andén 5: ¡tutututuuuuu! volaaare... el tren partía acompañado del silbato del inspector... buahhhhhhh
Yo : ¿Y ahora que hacemos? ¡qué fastidio! ¿esperar una hora...?
Ella : tú te quedas aquí con las maletas que yo voy a preguntar en la taquilla...
Luego de recuperarme del desmayo que me dió al ver a Lorette tan decidida y el terror de que me dejara abandonado en un país en el que no me entienden, esperé pacientemente mientras me comía primero las uñas, luego las falanges, luego las uñas de los pies...
Ella (de regreso): ¡vamos loco! al andén 8 que pasa otro tren que nos lleva a Brujas y de allí tomamos el tren que acabamos de perder... corre que al gordo lo tranqué en el baño....
Y así llegamos finalmente a Blankenberge
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